El nacimiento de Noah - 11 agosto 2015

Actualizado: abr 19

No estaba ni de 20 semanas cuando contacté con varias asociaciones de parto en casa. Tras un primer parto que no fue terrible pero durante el cual me sentí infravalorada y muy pequeña, quería algo diferente. Lo tenía clarísimo, así que a los 4 meses ya teníamos contratada la asociación Titania para hacer el parto en casa. Íbamos cada mes a controles y recuerdo vivir el embarazo con miedo a repetir un parto "prematuro", aunque tenía el instinto de que iba a aguantar un poco más. De todos modos, por cuello uterino corto, me mandaron reposo (con un niño de 2 años fue relativo) des de la semana 32 aproximadamente. Recuerdo que cuando cumplí la semana 37 me desmelené y disfruté de todo lo que había reprimido hasta entonces: paseos, coger a mi niño en brazos cuanto me pidiera, limpiar, preparar cositas...

Pasaban los días y tenía la sensación que no faltaba mucho, de hecho avisé a una buena amiga que iba a estar en el parto de que estuviera alerta. Un buen día fuimos a la playa con mis suegros y mi niño y cuando volvimos, una vez en casa con el peque haciendo la siesta, recuerdo que empezaron las contracciones. Eran suaves y sedantes. Las fui transitando tumbada en mi sofá, distraída con la tele, a sabiendas que no tendría que moverme más de allí. Avisé a mi pareja (estaba trabajando a 40min) a eso de las 15, para que estuviera atento, pero le dije que estaba muy a gusto, que no corriera en volver. Así pasé un buen rato. Sobre las 16 llamé a la matrona con el mismo cuento, que estaba mirando la tele tan a gusto pero las tenía cada 10min. Recuerdo que a eso de las 16:30 se despertó mi hijo y volví a llamar a mi pareja, a ver si se había perdido por el camino. ¡Pues resulta que me escuchó tan tranquila que no había plegado del trabajo! Le dije que se fuera ya y vino para casa. Llegó sobre las 17 y algo y aproveché para avisar a la matrona que seguía el ritmo de parto, que viniera, y me dijo que ya estaba en el tren de camino. Así pues, mientras esperábamos la caballería, mi marido me hizo un tacto para ver qué tal (las matronas le habían enseñado a hacerlo unas semanas antes) y me dijo que calculaba unos 3cm.

Un poco antes de las 18 llegaron la matrona, mi hermana (se llevó a mi hijo al parque) y mi amiga (alias fotógrafa oficial). Cuando la matrona llegó le pedí otro tacto (por si acaso) y me dijo que sí, que unos 3 o 4cm. Una vez se fue mi hijo le pedí a mi pareja que bajara la persiana porque me molestaba la luz (11 agosto) y me puse a 4 patas apoyada sobre la pelota, moviendo la pelvis en círculos porque la matrona me dijo que así ayudaría a Noah a girarse y ponerse del lado izquierdo (sino, hubiese nacido mirando al cielo en vez de al culo). Puse una lista de música que había creado para la ocasión y entré en mundo parto de lleno. Ahí estuve, surfeando las contracciones totalmente metida en mi interior y conectando con mi hijo. En algún momento llegó la otra matrona y mi hijo. Recuerdo que mi marido estaba centrado a lo suyo también: montando la piscina de partos y la manguera para llenarla en el comedor. Mientras nosotros estábamos a lo nuestro, las matronas iban rellenando papeles y recuerdo que me preguntaron qué fecha tendrían que poner, si la del presente día o la de mañana. Esta pregunta quedó grabada en mi mente, me sentí tan empoderada. Estaban preguntándome cuándo iba a parir. ¿Y qué sabía yo? Pues sí sabía. Les dije que para la hora de cenar me parecía buen momento.

Al rato sentí la necesidad de ir al baño a hacer pipí y para alegría de mi pareja le anuncié que me metería en la piscina al volver. En cuanto me senté en el váter sentí como mi hijo bajaba un piso hacía mi pelvis y ¡me asusté al pensar que se me iba a caer en la taza!

Volví al salón y me metí en la piscina. Perdí mi foco, no sabía cómo ponerme en la piscina. Las contracciones habían cambiado y a cada una sentía perfectamente como mi hijo bajaba un dedo o dos hacía el nacimiento. Informé a los presentes que el nacimiento era inminente y todo el mundo se aceleró. Ante tal movimiento y activación, mi hijo se asustó y traté de calmarle entre contracciones. Recuerdo a una de las matronas decirle a mi amiga que no era lo habitual estar charlando entre contracciones.

Mi hermana se llevó al mayor a su habitación a jugar y empezó el descenso de Noah. La bolsa seguía intacta y pensaba si iba a nacer velado. Pero no, en una de las contracciones se rompió la bolsa dentro del agua, y en la siguiente, nació Noah. Eran las 20:15. La matrona me lo pasó por entre las piernas y le abracé. Tardó unos eternos instantes en empezar a respirar, pero los achuchones de las matronas hicieron efecto y se espaviló.

Salimos de la piscina ante la atenta mirada de mi hijo mayor. Me tumbé en el sofá, Noah se agarró al pecho y se me meó encima. Al rato, mi amiga cortó el cordón y después salió la placenta.

Al rato pedimos pizza a domicilio para cenar. Cuando las matronas se aseguraron que todo estaba bien, se fueron para volver al día siguiente, y nos quedamos tan a gusto los 4 en nuestra casa, en nuestra cama.

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