Nacimiento de Àxel - 21 mayo 2013

Actualizado: abr 19

Una tarde con olor a verano empezó. Tumbada y relajada tras la siesta empezaron algunas sensaciones diferentes en mi bajo vientre. Era mi primer hijo y no sabía muy bien qué esperar ni qué significaban, pero estaba aún de 35 semanas y cuando me di cuenta que aparecían cada 10 o 15 minutos, me asusté. Desperté a mi pareja (había trabajado de noche toda la semana) y le dije que algo raro pasaba. Esperamos un rato a ver si se pasaban, pero a la hora y media decidimos ir al hospital " por si acaso". Una vez llegamos, monitores y tacto. Me dijeron que sí, que estaba teniendo contracciones y que parecía que habían modificado un poco el cuello del útero. Así pues, me ingresaron con gotero para parar contracciones y me hicieron el cultivo del estreptococo. Pasé una noche en el hospital, taquicárdica por la medicación. Al día siguiente, con indicaciones de estar encamada lo máximo posible.

El segundo día de estar ingresada ya cumplía las 36 semanas, así que la ginecóloga me dijo que ya no hacía falta seguir con la medicación por gotero y que me darían unas pastillas más flojitas. Así empezamos por la mañana, con una pastilla, pero las contracciones volvieron, y más intensas. Sentía que necesitaba moverme con cada una de ellas, pero no debía. Avisamos y me pusieron los monitores de nuevo. La ginecóloga parecía estar ocupada y nos costó prácticamente toda la tarde que subiera a verme, pero cuando lo hizo nos dijo que estaba a tope de parto. Así pues, me bajaron al paritorio en camilla (recuerdo sentirme pequeña y enferma).

Debían de ser las 21 de la noche cuando llegamos al paritorio, con una matrona muy agradable que nos facilitó pelota para transitar las contracciones. Lo agradecí muchísimo, tras dos días con indicación de no moverme ni para ir al baño. Me pusieron antibiótico intravenoso porque al no tener los resultados del estreptococo me trataron como positiva. Sobre las 12 pedí un tacto, pues las contracciones empezaban a ser intensas y no sabía si iba a poder aguantar mucho más. No me dijeron de cuanto estaba (o no lo recuerdo), pero parecía que bastante adelantada y que no iba a dar tiempo a la segunda dosis de antibiótico, así que me pusieron la epidural para "frenar el parto y dar tiempo al antibiótico". La dosis fue tal que me quedé dormida unas 2h.

Cuando desperté me dijeron que fuera empezando a empujar que ya estaba dilatada. No sentía prácticamente nada por la anestesia, pero ahí anduvimos, mi pareja avisándome de las contracciones y yo empujando. Tras un rato así volvieron la matrona y ginecóloga a apresurar un poco las cosas, así que me rompieron la bolsa sin pedir consentimiento. No recuerdo muy bien los tempos, pero costó que naciera mi hijo. Un buen rato de pujos incansables, según la ginecóloga tenía el suelo pélvico muy duro. Al final nació, 2400g de cosita bonita. Le costó un poco la adaptación a la vida exterior y precisó traslado a otro hospital con neonatos, pero esto ya da para otra historia.


Este parto me ayudó a descubrir mi vocación y a descubrirme como madre.

HipnoNacer

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