Nacimiento de Enzo - 18 de junio de 2020

Desde el primer momento que supe que estaba embarazada sabía que quería un parto natural, que se respetaran los tiempos y se siguieran mis preferencias, nada de instrumentalización ni de medicamentos, ya sabéis.

Llegamos al final del embarazo con un bebé grande para la edad gestacional ( según eco pesaba 4,200 con 38 semanas) y aunque eso no era un inconveniente para una inducción, se le juntaba que tenía oligohidramnios, que en castellano significa poco líquido amniótico. Así que con 38 semanas y 4 días nos informaron y al final decidimos inducir. A las 39+2 nos pareció bien y aceptamos. Bueno pues el día de antes por la mañana desperté con un goteo intermitente y efectivamente, había una fisura en mi bolsa.

Las aguas eran completamente transparentes, así que después de comer decidimos acercarnos al hospital, allí me miraron y vieron que sí. Me hicieron la prueba del COVID, monitores y un tacto y me dijeron que verde no, lo siguiente. Así que ingresamos, y como supuestamente mi bolsa se había roto a las 8 de la mañana y la inducción estaba programada a las 8, me dejaron toda la noche para ver si me ponía de parto por mi misma, pero no. Más de 24 horas de bolsa rota, ya no.


A las 8 de la mañana vinieron a por mí y me bajaron a dilatación / paritorio, un lugar súper chulo con mil comodidades: pelota, liana, silla de parto vertical... ¡una chulada! Me tocaron dos matronas que parecían ángeles. No las olvidaré nunca, me preguntaban cada vez que entraban qué necesitaba y así. Me pusieron el monitoreo inalámbrico y el gotero de oxitocina y me bajaron el desayuno y fueron francas “primer parto, bebé gigante y partimos de cero, será largo, vamos a hacernos la idea de como pronto a la hora de cenar”

Nos quedamos mi chico y yo allí y pusimos el hilo musical por Bluetooth, desayuné y a los poco minutos empezaron las contracciones. “Que guay” pensé, "es como un dolor de regla súper soportable si te concentras y piensas que cuantas más soportas más cerca estás del final", así que al cabo del rato empezaron seguiditas y le dije a mi chico "vamos a la pelota y tu te pones detrás y me frotas la zona lumbar con aceite".

Súper bien, íbamos genial, entraron y estaba de 4 y dije, "¿por qué no probar el óxido nitroso?, tengo curiosidad" y lo pedí. Yo no sé si me hacía efecto o era placebo, pero con cada contracción con la tontería de chupar y levantándome entre contracciones a andar haciendo mil posturas (me faltó hacer el pino) empezaron a venir más seguidas. Volvieron a pasar y estaba de 6 todo iba guay, me decían que íbamos genial, me alababan tanto que me sentía súper capaz y súper empoderada. Apenas eran las 11 y pico y me sentía súper bien todavía (dentro de lo que cabe).

Llamó mi ginecólogo a las matronas para preguntar y yo lo escuché todo: las matronas le dijeron mi estado y él preguntó "¿Creéis que hacia las 15?" La matrona le dijo "No te sabría decir porque ella va muy bien pero el nene sigue alto y hace rato que no la miro...". Me miró y así era, se volvieron a ir y allí empezó lo peor: las contracciones cambiaron repentinamente, ya no eran de riñones, eran cada medio minuto, súper largas y las sentía en mi pubis y en mis entrañas y con mucha presión. Un dolor indescriptible. Empecé a ponerme nerviosa y ya se me fue lo de la respiración de la vela que tan bien me estaba funcionando (123 - 123456), se me fue todo.


Empecé a berrear como una poseída con cada contracción, hasta que le dije a mi chico "¡Llámalas! Que me pongan la epidural, no he venido a hacerme la chula, y no soy menos mujer si me la pongo, hasta aquí." Llegaron y me dijeron la típica frase de “Cuando crees que ya no puedes más es porque ya lo tienes ahí”. Me la soplaba, yo no podía manejar la situación y necesitaba un descanso. Y me la pusieron. Me acostaron en la cama y me dijeron "Vamos a esperar 15 minutos para que haga efecto y sentirás las contracciones, pero serán diferentes. En 15 minutos volvemos a ver qué tal", pues nada. Yo las sentía igual, solo sentí mucho sueño pero las contracciones seguían aumentando de duración y intensidad.

Mi cuerpo estaba empujando sin querer y empece a decírselo, vinieron súper extrañadas de que no me había hecho efecto. Resulta que tengo escoliosis (la espalda torcida) y por lo visto la anestesia no llega bien si tienes algún problema como hernias y cosas así. Así que nada, a mi se me cerraban los ojos, me dolían todos los huesos y me quemaba cada contracción y la presión era increíble, ¿pero dónde? En el pubis y no en el culo, que es dónde debe ser.

Mi bebé empujaba, había bajado, pero en posterior. Me dijeron "Vamos a hacer posturas para que Enzo pueda encajarse bien, ¿puedes moverte?" "¿Yo? perfectamente". Me puse de todas las formas posibles: a 4 patas, de lado con la pierna en alto, me puse hacia arriba... ya no sabía ni de qué manera ponerme.


Llegó el ginecólogo. La cabeza se veía a lo lejos, la vi con el espejo y me salieron las fuerzas de no sé ni dónde. "Cálmate", me dijo, "vamos a trabajar bien y con efectividad". Yo, muerta de cansancio, no atendía ya a nada, "Vamos a aprovechar las contracciones", así lo hacíamos y empujaba y hacía lo que me decía y el espejo seguía igual: veía su pelo, su cabecita coronando, sentía como quemaba, como me abría el agujero y me lubricaba. Cada vez que empujaba y luego miraba, seguía igual. ¡¡No lo entendía!!

"¿Qué estoy haciendo mal, que pasa? No puedo más, no puedo más". Sacó el kiwi (era algo de metal), sentí como me lo metía y sacó la cabeza de Enzo. Pensé "ya está, menos mal". Pero no. Distocia de hombros. Sus hombros no podían salir, sentía como el doctor le daba vueltas cogido de la cabeza para buscar el cómo, "¡¡EMPUJA, EMPUJA!!" Miré a Javi, lloraba mucho y me dijo "Por favor amor, empuja" Me quitaron el espejo. ¡¡No entendía nada!! Enzo no lloraba, me quitaron los monitores. Seguía sin entender. Todo en milésimas de segundo, yo gritaba "¡¡SÁCALO , TERMINA DE SACÁRMELO!!" Y cortó. Sentí el corte, quemaba, sentí el agua oxigenada del corte, Enzo salió.

No lloraba, me lo enseñó y me lo quitaron. Lloró y ya me lo pusieron encima. Dicen que se te quitan todos los males y es verdad, yo seguía sintiéndolo todo ahí abajo, pero me daba igual. Me daba igual lo que habían usado, me daba igual el corte, me daba igual. Ya estaba tranquila. Eran las 14:27 y había nacido Enzo. un bebé de 4,520.


En tan sólo 6 horas.


Lo demás, pues lo de siempre. Salió la placenta, que también era grande y quise verla. Por cierto, mi chico no pudo cortar el cordón y no fue el pinzamiento tardío... En fin. El parto no fue para nada lo que yo quería, las cosas son así. El doctor terminó de coser y levantó la cabeza y me dijo: "Erika, enhorabuena. Has parido a tu bebé porque eres una guerrera, y porque él es un guerrero. Lo has parido porque has querido parirlo, otra mujer hubiera tenido cesárea de urgencia con un parto como el tuyo, me siento muy orgulloso de ti. Créetelo porque es verdad". Me sentí bien, tenía a mi bebé.

Estuvimos un par de horas allí solos, mi bebé lleno de vérnix, mi chico y yo haciendo el piel con piel, llorando... fue precioso. Mi chico no paraba de subirme la autoestima, fue el momento más feliz de mi vida. Vino el celador a por nosotros, Javi cogió a Enzo, me cambié de camilla por mi misma (imagínate el efecto de mi epidural), me lo pusieron otra vez encima y a la habitación.


Por cierto, solo tengo un cortecito de unos 3cm y otros 2cm de lado de más, que se desgarró desde el corte. Sinceramente, no es nada comparado a lo que hubiera podido ser. El mismo día estaba genial, os lo juro. Javi dice que es por todo el deporte que hice estando embarazada.


Mi parto no fue el deseado, pero me llevo una experiencia brutal y super empoderadora del mejor día de mi vida.

HipnoNacer

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